Aunque ya se que muchos esperáis el artículo del pavonado final de la Luger de 1917, dejadme que primero os muestre las cagadas que fui haciendo en el proceso y las perrerías a las que sometí al arma en mi búsqueda del conocimiento necesario para poder conseguir una restauración aceptable del arma.
Una vez que conseguí encontrar los productos que me dieran un resultado satisfactorio sin complicados procesos químicos que pudiera llevar a cabo en mi casa, me lié la manta a la cabeza y.....a pavonar como cosacos.
En ese ímpetu pavonador cometí unos de los errores históricos más grandes que puede cometer un aficionado a las armas históricas del S.XX.
El caso es que pavoné el arma por completo sin caer en la cuenta de que las Luger P-08 anteriores a 1936 (creo que esa es la fecha) tienen sus piezas pequeñas visibles de un color amarillento parecido a la paja. Pues yo, hala, todas negras. Si bien es verdad de que le quedaban muy bien yo tenía ese comecome por dentro de tener una pifia histórica como mi primer arma corta histórica.
Así que empecé a documentarme y ese problema del color amarillo es una de las mayores cruces que existen entre los coleccionistas de este modelo de pistola.
El proceso del amarilleado comenzó por el despavonado, otra vez, de las piezas que no debían estar pavonadas.










